Proyecto "ciudades creativas"
La caja de Pandora
Cuando pensamos en el fin de la humanidad, normalmente lo relacionamos con acontecimientos cataclísmicos (una guerra nuclear, una enfermedad mortal, una lluvia de meteoritos...) de acción rápida, en los que apenas hay tiempo de dejar constancia de lo que ocurre.
En los casos en los que no se da una aniquilación inmediata, me imagino que al principio hay un claro intento de mantener la objetividad al dejar por escrito los hechos que se están desarrollando, pero a medida que la especie desaparece, los mensajes cambian de registro, y se vuelven urgentes y angustiosos.
Este proyecto se desarrolla como una historia, una historia que trata sobre la búsqueda de una posible ciudad perdida; sobre cómo el deseo de conocimiento se transforma en una necesidad crónica, llevándonos por el sendero de la autodestrucción. Es un ciclo que se repite a lo largo del desarrollo humano, del cual no lograremos salir sin perder parte de nuestra esencia, sin renunciar a la curiosidad.
Dentro de la caja se encuentran las entradas del cuaderno de bitácora de la exploradora, y se supone que mientras que no leas lo que pone en los trozos de hoja, no pasa nada; nada de lo que está escrito tiene poder, no existe.
Pero aun no leyendo lo que pone, el expectador sabe que hay algo escrito, la explicación de alguien que estuvo investigando y llegó un paso más lejos que él. Al abrir la caja, está cruzando la distancia que le separa de esa persona, y repitiendo los mismos errores que cometió ella. Es la curiosidad la que hace que complete el círculo y se pierda la esperanza de un nuevo final.
La exploradora no tiene nombre, pero me gusta pensar que la gente que más tarde cayera en su misma trampa se referiría a ella como Pandora.
Cráneo de zorro
Al cráneo de oveja primero le adherí un cuerno y cuenca ocular adicionales, y le inserté cera morada en los orificios donde deberían estar los ojos. Después pulí la cera para que pareciera más sólida.
Pinté las calaveras de oveja y zorro con grafitti negro, porque se supone que son restos de animales surgidos del petróleo. Luego les di una pátina de morado/dorado metático para en los bordes para resaltarlos y conservar la apariencia tridimensional. Los dientes los pinté de color huevo porque me parecía más inquietante así. También rocié la caja y las hojas escritas con un poco de tinte negro para darle más cohesión a la obra. Antes de escribir (¡con pluma!) en las hojas, las teñí con tinta morada y marrón, diluídas.
Todo ello lo coloqué en un montón de arena de gato junto con trozos de carbón dentro de una sábana.




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